Páginas

sábado, 21 de septiembre de 2013

En Betania da gusto : Episodio 1

Siempre hablábamos de viajes, visitas, trabajo, etc. Pero nunca hemos hablado del sitio donde más horas pasamos: Casa Betania.

Betania es nuestra casa. Ese edificio a 100 metros de la oficina en el que hemos llegado a vivir 8 personas a la vez. Pero este post no es para fardar de casa (eso es cosa de otra entrada). Con este post queremos iniciar una serie que vamos a llamar "En Betania da gusto". Y es que si por algo esta siendo conocida Betania en el IMCA es por su excelente y variada cocina. Semejante crisol de naciones y culturas no podía sino desembocar en un vórtice de platos y tradiciones al fogón.

Hoy abrimos serie, pero no con un plato nuestro. Hace unos días vino una señora a ofrecernos tamales. No vacilamos un segundo en pedirle unos cuantos y hace apenas tres dias que nos los comimos.

El tamal es un plato tipicamente latinoamericano e indígena. Consiste en una masa de maíz que suele incluir verduras, carne y otras cosas. Todo ello envuelto en una hoja de platano (en Colombia tipicamente se emplea el platano).

Una imagen dice más que mil palabras así que os damos envidia en forma de fotos.

Una vez más, la familia al completo entorno a la mesa

Así se calienta el tamal

Listo para comer

Este que es grande, me lo quedo yo
Y con esto os dejamos. ¿Alguien quiere apostar por cual ser el próximo manjar? A ver con qué os sorprendemos.


domingo, 15 de septiembre de 2013

Manizales: autobuses, cafe y termas

Últimamente parece que solo viajamos. El trabajo de campo se ha parado bastante por distintos motivos. Pero que le vamos a hacer... Si alguien tiene particular interés en el trabajo de oficina, que lo exprese y yo le cuelgo una entrada sobre el interesante trabajo enfrente del PC. En vista a que nos queda muy poco tiempo por Colombia hemos acelerado el ritmo de visitas. El jueves a la noche estábamos pensando en San Cipriano, pero cuando íbamos a irnos a la cama recibimos un mensaje de ultima hora:

 Enara: Vamos a ir a Manizales este fin de semana. ¿venís?

Asaltamos rápidamente la información disponible sobre Manizales y la cosa parecía atractiva. Centro histórico, buen clima, aguas termales y capital cafetera. Le pedimos permiso al alto mando del IMCA y salimos el viernes por la mañana.

Para variar la información disponible en Internet sobre autobuses (la cual también es un rato escasa) ni se acercaba a la realidad. Los buses salen cuando quieren, parando donde le sales de los c******s y la comunicación no es la principal virtud de los conductores.

Enara, llegamos a las cinco o así...

Si los buses fuesen la mitad de buenos que la terminal...
 Total que nos metimos en el bus para 4 horas de nada de viaje. Largo como el demonio y parando en sitios que uno pensaba que se quedaba sin autobús. Hasta tuvimos doble encuentro con la policía. Uno con registro y cacheo, y otro con revisión de pasaportes. Todo sea por seguridad (y por retrasar el viaje lo más posible, parecía). Y por fin llegamos a Manizales. Para entonces ya teníamos a una avanzadilla de compañeras en Manizales con hostal y todo localizado. El tiempo respetaba e incluso dejaba ver el Nevado con la columna de humo que lo acompaña desde hace poco por el inicio de su actividad volcánica (pecado mortal no haber tirado foto).

Llegamos con hambre y cansados así que las ordenes eran bien claras: compras, cena rica en el hostel y a la cama. Las veces que nos hemos juntado con los compañeros de Medellín siempre han terminado en grandes cenas y no por la cantidad. Si el compañero Ander está a bordo, la delicia esta garantizada. Para más inri, el caballero había vuelto con muy buena onda de Salento y tenía la creatividad por las nubes.

¡Todo correcto, Iñigo!
Mientras Ander estaba al fogón el resto le dábamos a la escoba, el Jinga o la hamaca.

Cervecita y panchitos

La tele ni la tocamos

A estas sí que les sacamos humo
El viaje había sido pesado y a Julene y a mi, por lo menos, también nos pesaba la semana. Así que nos fuimos a la cama mientras el resto de compañeros se fueron a explorar la noche paisa.

¡Que aproveche y hasta mañana!

*********************************


Como es costumbre cada vez que nos reunimos los pantxitos, el despertar fue lento y delicioso. El plan era día urbano tranquilo conociendo Manizales y a la tarde, hostel a muerte ya que al día siguiente iba a tocar madrugar a aquellos que querían ir a la montaña.

La ciudad es muy agradable y da gusto coger autobuses por la claridad de los destinos y por la amabilidad de los conductores (aquí no hay tarifa tunoeresdeaquí, sino que viene bien clarita en una pegatina en el morro del bus). La idea era subir en bus hasta el barrio de Chipre, desde donde se puede admirar la ciudad desde lo alto, y desde ahí ir bajando poco a poco viendo distintos lugares. 

Vimos la buseta que sube y lo confirmamos hablando con el conductor. Llegamos a Chipre pero el conductor no nos confirmaba nada. Solo cuando se dio la vuelta se acordó y pregunto "Había gente que preguntó por Chipre no?". Nos tocó retroceder sobre nuestro rumbo para llegar a la primera parada: el monumentos a los colonizadores. Allí nos sorprendió una especie de guarda que tenía el monumento y que nos contó toda la batalla al respecto. Es una super estatua que representa al detalle a aquellos primeros colonizadores que lucharon contra desde los elementos hasta las fieras locales. Hasta el más mínimo detalle tiene su historia.

Los colonizadores

Atentos al señor

Atendiendo a cada detalle
Desde allí y a pocos metros estaba el mirador. El sitio era privilegiado para ver los nevados y la ciudad desde lo más alto, pero la meteorología no nos ayudo al respecto. Llegamos al mirador y no nos pareció para tanto. No merecía la pena pagar para subir, ya que las nubes no dejaban ver nada. Así que paramos la caminata por un rato (y por la lluvia) bajo un toldo donde recuperamos de la mano de Patri unos cuantos juegos de infancia.

Algún juego más, señora
Seguimos bajando hacia la catedral y el centro. Por el camino nos encontramos con la escuela de arte de la Universidad de Caldas con la curiosa escultura de la foto. Personalmente me desilusione un poco con la catedral al llegar. Desde varios puntos de la ciudad uno alcanza a ver la gran catedral neogótica de Manizales, imaginándosela preciosa como parece desde la lejanía. Pero al acercarse uno solo se llevó un disgustazo. Resulta que el edificio esta entero hecho de hormigón, y lo que es peor, se ve. Nada de pintura, nada madera. Las únicas notas de color o vida vienen de los rosetones o del altar forrado en mármol. Menos mal que la plaza de justo enfrente con la estatua de Bolívar Cóndor le da vida a la estampa. Que estatua tan bonita, por cierto.


Paseando por las nubes

Se nota hasta el encofrado

¡Qué bonita y qué fea a la vez!
Vuela Bolívar
Unos metros más adelante uno llega al parque Caldas, dedicado al mártir de la Revolución. Aquí hay un templo mucho más bonito, entero en blanco con puertas y ventanas en una madera preciosa. El hambre acechaba y hubo que parar a tomar un típico almuerzo colombiano a muy buen precio (sopita con arroz, plátano y carne. Un clásico).

Caldas y los pantxitos
On egin!
Nos quedaba poco tiempo y Ander insistía en visitar el cerro de San Cancio. Así que nos cogimos unos taxis y nos acercamos al Cerro desde donde también pudimos ver toda la ciudad desde lo alto. Desde el taxi pude fotografiar el estadio del Once Caldas, uno de los clubes de fútbol míticos de Colombia y Latinoamerica (campeón de la Libertadores en 2004).

Palogrande desde el taxi
Llegamos al pie del cerro y como casi toda subida en Colombia fuimos siguiendo el via crucis que ameniza la subida (¿ameniza o mortifica?) y ya desde arriba pudimos readmirar la vista. Pero al rato tuvimos una visita no esperado. Apareció una patrulla de policía que le había chivado que unos turistas habían subido al cerro. La historia era que apenas dos horas antes habían atracado a una pareja. Nos sugirieron bajar y no rechistamos.

Manizales desde el cerro

Segundos antes de que llegase la policía

Ander necesitaba subir más alto
La noche se acercaba y repetimos el plan del día anterior. Buena comida, charlita, hamaca y juegos. 

¡Ponte unos nachos, Ander!

Rummi, cerveza y Jinga para todos
Y tuvimos un invitado especial: Pipe. Pipe (o Felipe) es un amigo de Patri que se ofreció a enseñarnos la montaña de Manizales. Como todavía no se había podido cerrar horarios ni nada, le invitamos a cenar para que resolviese con el grupo todas las dudas y horarios. La idea que tenían era coger un lechero a las 4:30 (si, si, de la mañana) para subir hasta donde empezaría una ruta que les llevaría hasta unas aguas termales. Julene y yo nos desmarcamos del plan desde el principio por falta de tiempo y porque tampoco teníamos ropa para ir por donde se hablaba (se hablaba de temperaturas de entorno a los 10 grados y yo solo tenia pantalones cortos).

El resto parecían tener más o menos claro que una oportunidad así no la podían dejar pasar. Y con la foto de la cena y esa idea nos fuimos a la cama. Al día siguiente veríamos como la realidad iba ser bien distinta.

Cena premontaña
***************

El domingo amanecimos con un panorama bien distinto al planificado. En principio Julene y yo nos íbamos a despertar únicamente acompañados por nuestras mochilas. Pero resultó que había habido un cambio de plan por la noche. Minutos después de que Felipe se fuese, empezó a maquinarse una escapada nocturna con él. Aquello ponía en compromiso la programada salida, por lo que se llegó hasta a comentar que no se iba. Para entonces Enara parecía tener claro que se quedaba con Julene y conmigo en tierra firme.
Debido a la salida nocturna la hora de acostarse de la expedición se movió desde las 22:30 hasta las 2:30, lo que les dejaba una hora de sueño hasta que partiesen hacia la montaña. Esto dejo a Ander y Ruth en la cama. Sorprendentemente Patri aguanto el envite y habiendo salido de fiesta y dormido una hora , salió del albergue y se fue con Pipe. Todavía no sabemos que fue de ella. Patri, si nos lees estaría guay que compartieses la batalla.

El bajón de animo en el grupo era patente por haber perdido la oportunidad de estar más cerca de la montaña. Así que tocaba buscar un plan matinal que pudiese hacer olvidar el plan fallido. Y aparecieron las termas. Por ser los nevados volcanes, la actividad volcánica esta presente en forma de aguas termales en varios puntos. Son varios los recintos en los que, de forma artificial, se acumula agua derretida por el calor del magma para ofrecer baños de aguas termales con una concentración en sales alta, la cual parece ser beneficiosa para la salud.

Por precio y proximidad parecían una alternativa muy buena a la montaña. Y vaya si lo fueron. Tras un fugaz viaje en taxi, llegamos a las termas de Tierra Viva. Muy poca gente y no más de 7000 pesos (menos de 3 euros) por persona para tomar baños en un par de piscinas. Sin palabras. Las caras de las fotos hablan por si solas (salvo la de Ruth en alguna, ya que por el azufre el agua picaba demonios en los ojos).
¡¡¡Agua caliente!!!

Me relajo antes de coger otro bus mortífero

Paradisiacamente, oiga

Así leía, así así ....
Y así terminaba el fin de semana. Directamente desde las termas nos fuimos al terminal de bus donde nos separamos una vez más. Allí nos esperaba otra jugada del destino en forma de autobús de dos pisos y viaje infernal de más de 4 horas por el eje cafetero hasta llegar al valle del Cauca.







  


domingo, 8 de septiembre de 2013

Los pantxitos colombianos de Itziar (II)

El sábado empezamos el día con muchos sueño debido a la hoguera de la noche anterior, pero el superdesayuno que nos hizo Ander nos dio la fuerza para prepararnos todos y salir a las 9:30 de casa. El plan del día era ir al Valle Cocora, una parte del Parque Nacional Natural de Los Nevados, hogar de la palma de cera (árbol nacional de Colombia). Fernando nos consiguió un jeep para subir hasta la entrada del valle. Son vehículos que pueden cargar con nueve personas y generalmente rondan los 30 años. El señor nos dijo que el suyo tenía 50 años pero que hace unos años le cambio el motor. De todas formas, aún siendo un clásico son lo mejor para las carreteras montañosas de Colombia.

¡Pantxitos listos para la aventura!

¡Allá vamos!

Parece que va a llover
Tardamos algo menos de 30 minutos en llegar a la entrada del parque y como siempre, todo está preparado para atacar a los turistas: ¡arriendo de caballos! ¿Quieren caballos? ¿Necesitan guía?, es lo de siempre. Lo mejor es armarse de paciencia puesto que los muchachos lo hacen para ganarse la vida y tampoco hay que ser descortés aunque todos te ofrezcan lo mismo mil veces.

La primera foto la tomamos con el cartel del parque para poder comparar las caras después de terminar todo el recorrido. Según  Fernando la ruta ronda entre 5 o 6 horas con un ritmo tranquilo, subiendo por la ruta azul y bajando por la ruta negra. La diferencia entre las rutas se hizo evidente al volver: la ruta azul es una camino de cabra con barro, piedras sueltas, selva, río y puentes colgantes (es decir más aventurero) y las ruta negra era una pista amplia sin complicaciones (ideal para bajar corriendo). Para mí, lo mejor fue el barro, que aunque es cansado permite que tu mente se concentre en no ensuciarte o no caerte, haciendo que la caminata sea más divertido, además de olvidar el cansancio o el aburrimiento.

¡Patata!

¡Ala majos, el primer puente!
¡Como los niños o peor!

¡Qué buena perspectiva!

¿Qué calle cojo?

Durante toda la ruta son visibles las palmas de cera. Este árbol está considerada una especie vulnerable porque los campesinos o habitantes de las montañas lo han utilizado como árbol maderable durante muchos años, así como para alimentar el ganado o para las celebraciones católicas. Hoy en día es una especie protegida por el gobierno colombiano, aunque todavía algunos campesinos lo talan.

Será por palmas

Uno de los puntos de atracción turística del parque es la reserva natural de Acaime, donde habitan los colibríes. La metodología que usan para atraer a los colibríes es bien simple, se basa únicamente en poner bebederos en todas partes y no molestarlos cuando se acerca. Claro está que estos colibríes están medianamente acostumbrados a los humanos y se acercan sin miedo a tomar agua para luego desaparecer en el bosque raudos y veloces. Así que decidimos subir a ver los pajaritos (recomendados por otros turistas que bajaban de verlo) y pagar 4.000 pesos (no llega a 2€). En el cartel ponía que el dinero recaudado se dirige a la reparación de los puentes, pero no estamos muy seguros de eso porque los puentes tienen su tela, además hay siete antes de llegar a la reserva. ¡Mirarlo vosotros mismos!

¿No os cansáis de posar?

¡Como Indiana Jones!

Voy a esperar por si acaso parte el puente

Durante la subida tuvimos mucho tiempo para sacar fotos y aprovechar el paisaje como marco. La intención no era matarnos a subir sino hacer turismo tranquilo, disfrutar de la compañía, del paisaje y echarnos unas risas. 

Reencuentro de Durangas

¡Vaya cuadro!

Un puente más

Se balancean más de lo que parece

Hubo caídas varias. ¡Todas con mucho estilo!

¡Qué sonrisa más agradable!

Parse ¿y este tío de que se ríe? ¡Tu bebe y disimula, que no nos ha visto!

Ummmm ¡Qué fresquito!

¿Y tú qué miras?

¡Nada parse, nada!

En la reserva te regalaban una bebida por pagar, además ya era hora de comer algo porque casi tres horas andando pasan factura al estómago. Mientras que observamos a los pájaros nos encontramos con uno de los muchachos que estuvo con nosotros en la hoguera, el chipriota Aris que iba acompañado de dos israelitas. Ellos se adelantaron porque tenían intención de almorzar en la siguiente finca llamada "La montaña", nosotros esperamos a recuperar para seguirlos por la loma: 260 metros hacia arriba en 0,8km. Aquí os dejo la gráfica del GPS:

Las vistas lo merecían la verdad y la hierba era muy esponjosa, lo ideal para descansar un poquito antes del último tramo en zig-zag.

¿Cómo hago para subirme ahí?

¡Hacer como que estamos bien, que nos están enfocando!

Una panorámica de las cumbres
En la finca "La montaña" se terminaba la ruta azul, la subida estaba hecha, ahora tocaba bajar. Allí arriba paramos un rato más para retomar fuerza, unas galletitas, algo de agua y unas fotos para los ánimos.

Finca La montaña


 Esperando a la foto oficial de grupo

Precioso valle de Cocora
¿Por qué agachamos la cabeza?

La bajada fue mas rapidita que la subida, la pista permitía mirar el paisaje, bajar hablando o arreglando el mundo. Unas fotitos por aquí, unas moras silvestres por allá y de repente empezó a llover, ¡y como caía!. Nos tocó sacar todo lo posible para taparnos y esperar a que parara mientras que bajábamos. Por ahí os dejamos una foto que muestra muy bien como estaba llegando la lluvia, el sol brillaba pero por encima de las nubes.
Se parece al Parque Jurásico


¡Ahí viene la lluvia!

¡No sé quién está peor!

Singing in the rain!
Para acortar un poco la vuelta decidimos acortar campo a través, pues como las cabras lo hacen. Mirar bien, frenar lo justo y a saltar ya que la hierba esponjosa lo permitía. Nos ahorramos un tiempo con la tontería, incluso adelantamos a los caballos que hacía rato nos pasaron. ¡Todo vale con tal de llegar vivo y enteros a casa!

¡ECO!

Y ahora deja de llover

Algo más de palmas

Última foto del valle

Llegamos a casa todos de una pieza, con el cuerpo cansado pero satisfechos con el resultado: 5:14h de caminata realizadas sin prisas y a un ritmo cómodo, mientras que luchábamos contra plantas, piedras, barro y casi sin comer. Porque realmente preferíamos comer algo mejor al llegar a casa que un sándwich de jamón y queso frío. Total que al final merendamos sándwich, pero del bueno, echo con mantequilla y caliente.

Todos pasamos por la ducha de agua caliente del hostal y listos para salir a cenar trucha, otra especialidad de la zona. No fue fácil decidir donde comer trucha puesto que todos los restaurantes la ofrecen y casi por el mismo precio, pero siguiendo un poco a las indicaciones de Fernando decidimos sentarnos en un chiringuito que está montada en la plaza central. Variedad culinaria a tope: Vean, tienes trucha gratinada con.... tienen trucha marinada... trucha frita... fruta asada... Todo estaba riquísimo.

Lo siguiente fue buscar un bar para tomar algo o para bailar, pero al subir por la calle principal nos dimos cuenta de que había un concierto en el bar que el viernes de llegada fuimos a re-desayunar Iñigo y yo. ¿Quién dará el concierto? nos preguntamos, pues nada menos que ¡nuestros amigos los chilenos, Andrés y Sebastian! Tocó quedarse a verlos y lo disfrutamos.

El sueño apretaba, aún así algunos aventureros subieron al mirador por ver Salento de noche, pero no resulto ser muy atractivo y poco a poco nos fuimos a dormir.

¡Anda, los de la hoguera!
Por si algún curioso quiere ver la ruta aquí os dejamos el recorrido:

******************************************

El domingo amanecimos poco a poco y con un compañero incomodo en esto del turismo: la lluvia. El día anterior habíamos hablado de varias posibilidades para visitar y aprovechar el domingo, pero la lluvia se las llevó todas. Y como diría aquel: al mal tiempo, buena cara. Decidimos que el mejor sitio para estar iba a ser el hostel: desayunando tranquilos, descansando antes de coger autobuses, jugando a las cartas y escuchando música. 

El que no sonría por el desayuno ¡miente!

Tranquis, que seguro que para
La lluvia paraba poco a poco hasta que dejo ver el sol. Ya era el momento de salir de casa para despedirnos de Fernando y darle las gracias por los 3 días tan buenos. Mai nos dejó antes de la despedida de Fernando y a partir de ahí fuimos abandonando Salento poco a poco y con distintos destinos.

Última foto de familia antes de partir
Eskerrik asko, Fernando!